
Calculo que para nadie que haya leído los comienzos de este blog hará falta aclarar que éste ha sido un hijo muy buscado. Deseado, buscado, esperado y amado desde el primer minuto. Podrido ya de los besos y abrazos que le da la madre, que le pregunta todo el tiempo si quiere ser su novio (vayan reservando turno en el psicólogo para esta criatura), le dice lo hermoso que es cada minuto y medio y todo eso.
Aún así, ayer creí que lo regalaba. Era eso o tirarlo por el balcón... y me pareció mejor la opción de regalarlo. Afortunadamente apareció una abuela que lo rescató y se lo llevó, permitiéndome dormir tres horas de siesta de corrido, cosa que hizo que me recuperara física y emocionalmente y que volviera a estar enamorada de mi hijo.
Necesito que alguien del otro lado me diga que esto es normal. Que es lógico que uno colapse cuando escucha un llanto que no para durante dos horas y ya no entiende qué hacer. Seguís religiosamente el manual: no tenés hambre, no estás cagado, te tengo a upa, no te duele la panza, y llorás igual? Ah no! El pediatra no me explicó esa parte. Sumemos al llanto el hecho de estar durmiendo dos horas por día, y bingo!
A ver si algún alma se apiada y me dice que no soy una mala madre por colapsar de tanto en tanto, ni que ningún Santo me va a castigar por ser una desagradecida después de todo lo que luchamos para que llegara Bautista.
Nobleza obliga: después del día negro de ayer, el señorito decidió anoche dormir cinco horas seguidas, y hoy se está portando de maravilla. Yo creo que ayer lo asustó mi cara de desencajada y decidió no darme trabajo. Supervivencia, que le dicen!
Adjunto foto de estos días de Poroto con su conejo Cristobalito ("Lito" para los amigos) y me despido hasta la próxima, que como sigamos así "tranquilos" será en breve, crucemos los dedos...

